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Fractura de Monteggia: el caso de David, cuatro cirugías y vuelta al baloncesto
El Dr. Carlos Thams cuenta el caso de David, fisioterapeuta y jugador de baloncesto, que volvió a competir tras una fractura de Monteggia y cuatro cirugías en el codo. Debajo del vídeo tienes la transcripción completa, pregunta a pregunta.
Lo esencial del episodio
- La fractura de Monteggia es una fractura de la parte del cúbito más cercana al codo que deja la articulación inestable y conlleva una luxación de la cabeza del radio.
- David, fisioterapeuta recién formado y jugador de baloncesto, seguía con dolor y sin movilidad después de tres cirugías porque un fragmento de la superficie articular del cúbito estaba suelto y no consolidaba.
- En la cuarta cirugía se retiró el material de osteosíntesis previo, se abrió la articulación, se adaptó y fijó el fragmento suelto y se aportaron factores de crecimiento para que consolidara.
- Con ejercicios muy precoces y una rehabilitación disciplinada, David tenía un rango de movilidad casi completo en menos de dos meses, volvió a trabajar en verano y fue el mejor de su equipo el resto de la temporada.
- El Dr. Thams recomienda no conformarse con una mala recuperación y pedir otra opinión cuando algo no va bien después de una cirugía.
Transcripción de la conversación entre Javier Vicente y el Dr. Carlos Thams.
Romperse el codo no es cualquier cosa, pero cuando tu vida gira en torno al deporte y al movimiento, una lesión así puede parecer el fin de todo. Hoy contamos la historia de David, un fisioterapeuta y jugador de baloncesto que pasó nada menos que por cuatro cirugías hasta que, con la intervención adecuada y una rehabilitación impecable, logró lo que parecía imposible: volver a jugar y convertirse en el mejor anotador de su equipo.
Hablamos de un caso bastante especial.
¿Quién es David y cómo empezó su historia con esta lesión?
Pues mira, David es un chaval —bueno, chaval—, un chico de veintipocos años, un chico muy alto, casi dos metros de altura, hábil, fuerte, familia de deportistas también, y empezó a jugar baloncesto desde pequeñito. Era muy bueno y juega a un nivel muy alto de baloncesto. Además, es fisioterapeuta desde hace poquito tiempo: lleva poco tiempo trabajando como fisioterapeuta. Acabó la formación hace no mucho.
Entonces, este caso empezó más o menos, si no recuerdo mal, allá por noviembre del año 2023, cuando este chico, en un contraataque, sufre una caída aparatosa y cae con el brazo y se fractura el codo, sufriendo una lesión de Monteggia.
¿Qué es una fractura de Monteggia y por qué es tan complicada?
Pues mira, una fractura de Monteggia es una buena forma de asustar a un traumatólogo. Si quieres darle un susto a un traumatólogo, tú le dices: «Nada, tengo aquí un pacientito que tiene una fracturita en el codo». Pues cuando dicen «fracturita en el codo», no sé por qué, siempre acaba siendo una lesión parecida a esta.
Un Monteggia es una fractura del cúbito proximal, es decir, la parte que articula con el húmero —aunque no siempre tiene por qué ser articular, pero casi siempre, indirectamente, afecta a la articulación—, que asocia una inestabilidad del codo. Y esto conlleva una luxación de la cabeza del radio, que es el otro hueso del antebrazo, que también articula con el húmero.
El codo es como una bisagra de una puerta: si no se alinea bien desde el principio, pues a veces puede ser que no pueda volver a abrirse del todo, ¿no? Esto afecta a la estabilidad y a la movilidad del codo.
Las fracturas de Monteggia son relativamente frecuentes en deportes donde sufres una caída de altura: motos, patinete eléctrico, pero sobre todo, vamos, en baloncesto. Y si no se trata bien —aunque tenga una cirugía excelente, el tratamiento incluye también el proceso rehabilitador posterior—, vamos a tener secuelas importantes de rigidez.
El codo es la articulación del cuerpo humano que es más propensa a la rigidez, incluso en manos del mejor cirujano, en manos del mejor fisioterapeuta y con el paciente más motivado del mundo. La falta de movilidad completa es el pan nuestro de cada día, desgraciadamente, en el codo. Entonces, esto hay que explicárselo al paciente de entrada, siempre, para que luego pueda rehabilitar acorde a ello y no bajar la guardia. Si lo hacemos bien, tenemos muchas posibilidades de éxito.
Primeras cirugías: cuando las cosas no van bien
David fue operado por un traumatólogo reconocido, pero después de tres cirugías el problema seguía ahí. ¿Qué era lo que estaba fallando?
Bueno, era una fractura compleja la del cúbito de este chico, porque tenía una conminución. Conminución es cuando hablamos de varios fragmentos: está roto en varios trocitos pequeñitos. Y, concretamente, había algún trozo de la superficie articular del cúbito con el húmero que no estaba ni bien reducido, que no se consiguió reducir bien de entrada, y que además estaba como suelto, que no consolidaba.
Y entonces el compañero, el otro traumatólogo, que es un traumatólogo al que respeto y admiro —de hecho, cuando yo empecé en este mundo de la traumatología, él me enseñó muchísimo—, pues es muy autocrítico y muy inconformista, es el típico perfeccionista, ¿no? Entonces vio que algo no cuadraba y lo volvió a meter en quirófano para ver si conseguía arreglar el problema quitando un tornillo y colocándoselo mejor, para ver si así funcionaba. No fue exitoso. Seguía el mismo problema allí, y el proceso ya también se iba alargando.
Esto, ¿qué ocurre? Ponte en el lugar del paciente: David, veinte años, fisioterapeuta empezando su vida laboral, deportista que todavía tiene muchos años de deporte por delante, y de pronto se ve con el codo de su brazo dominante —el codo derecho de un paciente diestro— completamente limitado, metido en ese yeso, y que aquello no iba para ningún lado, que seguía doliendo, que no tenía movilidad. Y él se las estaba viendo cada vez más oscuras. O sea, afectaba también a su ánimo, el suyo y el de toda su familia.
Esto también repercute luego en el propio médico que lo está tratando, ¿no? Es una presión añadida. Y entonces, si tienes la sensación de que algo no está bien y no consigues solucionarlo, y ves esta situación, y eres consciente que este chico, veinte años, profesional, bla, bla, bla, pues más presión todavía, y te crea un poco de inseguridad y tal.
Y bueno, pues al final lo volvió a meter en quirófano a ver si podía solucionarlo, y entonces ya dijo: «Buf, esto ya no termina de ir bien». Y bueno, como muy buen médico y mejor persona, este compañero pidió ayuda. Dijo: «Oye, Carlos, por favor, tengo este problema, tengo este caso, ¿crees que me puedes echar una mano a solucionarlo?». Estudiamos el caso, vimos cuál podía ser el problema y cuál podía ser la solución y, bueno, fuimos a por ello.
El reto de la cuarta cirugía: ¿cómo se solucionó el problema?
Cuando te pidió ayuda este compañero, ¿qué hiciste en la cuarta cirugía para corregir lo que no había funcionado en las anteriores?
Pues mira, como dicen, hay lesiones que te sacan de la cancha, pero con el tratamiento adecuado también hay historias de regreso. Y si no, que se lo digan a más de un deportista profesional.
En concreto, el codo de David, como decíamos, tenía el mayor problema, entre alguno que otro también de rigidez y de otras cosas. El problema más importante era que había un fragmento óseo que no había sido posible sintetizarlo, es decir, fijarlo con el material de osteosíntesis, y estaba suelto en la articulación, creando como una especie de bache. Si tú tienes que tener una superficie lisa, tenías una montaña ahí enorme, un cráter, que bloqueaba el movimiento de la articulación y aparte provocaba dolor. Y además estaba suelto y se movía, crujía y dolía.
Así que lo que tuvimos que hacer era retirar el material de osteosíntesis previo y abordar la articulación con una artrotomía, y modificar este fragmento suelto, adaptarlo, fijarlo correctamente y, además, aportar un poco de factores de crecimiento, etcétera, para que esto consolidara bien. También esta cirugía nos sirvió para ver que a nivel ligamentoso estaba mejor de lo que pensábamos.
Y bueno, de hecho, realmente yo tengo menos mérito del que se me quiere echar aquí, porque la biología del paciente… El ver que el médico pidió ayuda y puso toda la carne en el asador para intentar solucionar el problema, al propio paciente le transmitió mucha seguridad y tranquilidad. La familia confió plenamente y, bueno, al final esto también hacía mucha falta. Esto hacía mucha falta, y el paciente entendió que íbamos a por todas. Entonces, ahora te cuento un poco cómo sigue esto.
Postoperatorio: cuando la cirugía es solo el principio
Sí, eso te iba a preguntar. Después de cuatro cirugías, me imagino que el trabajo no terminaba ahí. ¿Cómo fueron las primeras semanas tras la operación?
Mira, aquí nos interesaba mucho recuperar movilidad, porque, entre una cosa y otra, desde el momento de la lesión hasta el momento en el que nos encontrábamos allí ya habían pasado tres meses, tres meses y medio más o menos. Y esto para un codo es muchísimo tiempo.
A favor nuestro teníamos que el paciente era —bueno, sigue siendo— joven. Esto siempre reduce las complicaciones por rigidez. Pero bueno, también a favor nuestro, que el paciente tenía formación: fisioterapeuta, entendía nuestro lenguaje técnico, entendía también nuestras intenciones, adónde queríamos ir, y fue muy disciplinado. Tampoco se inventó cosas ni pecó de excesivo o de hacer fisioterapia demasiado bestia o demasiado rápido. O sea, nos lo puso todo lo fácil que pudo, y eso fue un éxito. Un paciente colaborador aquí nos ayudó mucho.
Entonces, las primeras semanas empezamos ya con una serie de ejercicios limitados, pero muy precoces, para recuperar movilidad, reducir rigidez, bajar la inflamación. Vamos, te puedo decir que en menos de dos meses este paciente ya tenía un rango de movilidad casi completo, y durante el verano ya se reincorporó al trabajo, y seis meses después de la cirugía ya estaba jugando a baloncesto.
La rehabilitación: cómo un fisioterapeuta se convierte en su mejor paciente
Qué bueno. A su favor hay que decir que David es fisioterapeuta, lo que significa que entendía ya de base la importancia de la rehabilitación. ¿Cómo trabajó él en su recuperación?
Pues, al contrario que muchos médicos, tengo que reconocer que me sorprendió gratamente, porque los médicos somos pésimos pacientes. Como pacientes somos malísimos. Nunca tenemos tiempo para nosotros. Siempre estamos pensando en «no, es que tengo…». No, este chico lo tuvo claro: «Si yo quiero volver a trabajar en lo mío, tengo que recuperarme primero yo para poder ayudar a los demás».
La analogía con esto es cuando estás en el avión y te dicen: «Si hay una pérdida de presión en la cabina, póngase primero usted la mascarilla antes de ayudar a los demás». Pues eso, lo mismo.
Entonces, su nivel de compromiso, de disciplina, fue clave. Siguió nuestros consejos a rajatabla. No se pasó, tampoco se quedó corto en ningún momento. Hicimos unos ejercicios específicos que no nos costaba nada explicarle, porque los entendía gracias a sus conocimientos, y eso ayudó a acelerar el proceso. También es cierto que, como fisioterapeuta recién formado, tenía muchos contactos que también le podían ayudar en cuanto a la magnetoterapia, etcétera, etcétera.
Volver al baloncesto: ¿era posible o un sueño inalcanzable?
Después de todo ese proceso, ¿cuáles eran las expectativas realistas para David? ¿Volver al baloncesto era una posibilidad contemplada?
Sí, claro que sí. Ese era el objetivo, el hilo conductor de la motivación que necesitaba David. De hecho, yo también he jugado baloncesto y siempre le he retado. Yo le decía: «Cuando te cures, nos echamos un partido». Todavía no se da el caso, ¿eh? No sé, pero creo que me va a ganar, porque este —dos metros es mucho— es muy bueno, es más grande, más rápido y más fuerte que yo. O sea, que nada, no tengo nada que hacer.
Pero sí, para él eso fue una motivación importante, pero también porque le encanta su profesión, y eso también le motivó. Entonces, bueno, ahí lo tenía muy a su favor.
¿Cómo adaptó la técnica para evitar una sobrecarga?
También es algo interesante, porque en su inicio con el contacto con el balón hizo mucho ejercicio de contacto, de habilidad, sin hacer muchos ejercicios repetitivos y sin pasarse de fuerza. Y, sobre todo, esperó mucho a ponerse en una situación de riesgo de caída, porque en baloncesto hay muchas caídas durante un partido de baloncesto, sobre todo si juegas a alto nivel, y es el mayor riesgo que había, ¿no?: que se volviera a caer y tuviera un traumatismo sobre ese codo.
Entonces esperó lo suficiente para ir con seguridad y con una buena calidad de hueso que soportara un traumatismo. Mientras tanto, entrenaron la fuerza, la habilidad, la movilidad y, bueno, cuando volvió, volvió un toro. Es así.
Me acuerdo que, bueno, me envió un vídeo metiendo en su primer partido… No sé si metió dieciocho puntos así, de corrida, sin sudar, y eso que jugó solo un ratito para no forzar. Pero cuando vio lo bien que le fue, pues nada, ya se convirtió para el resto de la temporada en el mejor de su equipo.
Muy, muy bonito, ya lo creo.
¿Qué habría pasado si no se hubiera corregido el problema a tiempo?
Bueno, imagínate que tienes una piedra en el zapato, grande, y tienes que caminar de aquí… Tú vives en la Comunidad Valenciana, ¿no? Pues imagínate que quieres ir a peregrinar a Santiago de Compostela desde tu casa. Una piedra del tamaño de, vamos a decirte, un garbanzo en el talón del zapato. ¿Cómo crees que llegarías tú con los pies? Pues es más o menos como llegaría su codo, ¿no?
Teniendo esa incongruencia articular, ese codo iba a perder movilidad, iba a doler y acabaría con una rigidez. Esta rigidez le habría impedido ejercer su profesión; que no digo que le habría impedido del todo, pero no habría podido ejercerla correctamente, porque al final un fisioterapeuta que no puede mover los codos es como un Playmobil que intenta beber: no puede. Entonces, le cuesta.
Y en cuanto al baloncesto, lo mismo: además, brazo dominante, con el que hacía el gesto de tirar. Entonces, se habría visto un poquito limitado.
La parte emocional: de la frustración a la victoria
Y más allá de la recuperación física, ¿cómo afectó esta lesión a David en lo personal?
Pues fue una pequeña montaña rusa emocional. Esto le pasó a David, le pasa a muchos pacientes, pero ahí entiendes también cómo el estado emocional de nuestros pacientes también nos afecta a nosotros, los médicos, ¿no? Porque nos sentimos responsables de esta situación hasta cierto punto y queremos ayudarle, y a veces es muy frustrante no saber cómo, no llegar a más. Y bueno, esto es emocional, emocionante para todos. O sea, seguro que hay médicos que son fríos como el hielo, pero ni mi compañero ni yo somos así, y nos involucramos en la recuperación de los pacientes.
Pues este chico, como te digo, una montaña rusa. Inicialmente, el susto de la lesión. Luego, la esperanza de «bueno, me van a tratar, a ver qué tal». Inicialmente parecía que todo había ido bien. Luego se vio que no fue todo tan bien como se quiso.
Luego se intentó arreglar y, al ver que no se arreglaba, pues ya viene la ansiedad que crea esa frustración, el miedo, ¿no? Y empiezas a plantearte muchas cosas y pensamientos negativos. Y luego, bueno, pues ves que vienen los refuerzos, te echan una mano, te transmiten un poquito de tranquilidad y no te lo pintan tan feo, y «bueno, vamos a ver por dónde vamos por aquí», y al final, bien. Que bueno, satisfecho: tanto el paciente como los médicos quedamos todos satisfechos.
Para quienes están pasando por una lesión complicada como esta, ¿qué consejo les darías?
Hombre, pues no conformarse con una mala recuperación. Si algo no va bien, pedir ayuda. Si ves que el médico que te está ayudando está tan interesado como tú en que te recuperes, confía en él, ¿vale? Va a querer ayudarte.
Ahora, el médico tiene que ser suficientemente humilde para saber cuándo él solito ya no es capaz. Entonces, a veces necesitamos pedir ayuda. Yo alguna vez le he dicho a un paciente: «Mira, pide otra opinión, porque no estamos dando con la clave del éxito aquí».
Entonces, bueno, otra cosa es que la cirugía es el primer paso, muy importante, pero la rehabilitación es igual de importante. Entonces, la combinación de dos tratamientos exitosos, tanto quirúrgico como rehabilitador, son fundamentales. Entonces, el paciente también tiene que buscar eso: primero, asegurarse que quien te vaya a operar sepa lo que hace y, segundo, que la rehabilitación sea lo mejor posible.
El compromiso del paciente es clave. O sea, un paciente comprometido con su propia recuperación es la clave del éxito. Si el paciente no está comprometido, entonces hay menos posibilidades de éxito, bastantes menos, y puede quedar con una limitación de por vida.
David no solo recuperó su codo, sino que recuperó su trabajo y, podríamos decir, incluso su vida. Y todo gracias a un tratamiento adecuado, una cirugía bien hecha y una rehabilitación llevada con disciplina. Si sufres una lesión y sientes que algo no va bien, busca soluciones antes de que sea tarde. Ya lo acaba de decir el Dr. Carlos Thams.


