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Cirugía de mano: ocho mitos sobre operarse, la recuperación y las cicatrices
El Dr. Carlos Thams repasa ocho mitos sobre la cirugía de mano, de «si me opero, me quedo peor» a «te cambia la letra», y explica qué hay de cierto en cada uno. Debajo del vídeo tienes la transcripción completa, mito a mito.
Lo esencial del episodio
- El mito de que quien se opera la mano queda peor viene, según el Dr. Thams, de cuando la cirugía de mano la hacía el traumatólogo general, y de que los casos que no quedaron bien se cuentan de boca en boca hasta formar una bola de nieve.
- La recuperación de una cirugía de mano no suele durar años: tras operar un túnel carpiano, por ejemplo, la baja es de semanas como mucho, porque la cirugía de hace cuarenta años no es la que se hace hoy.
- La cirugía es solo el cincuenta por ciento del tratamiento de una lesión de mano: la rehabilitación empieza por el propio paciente, que tiene que masajear la cicatriz y abrir y cerrar el puño para no perder movilidad.
- El Dr. Thams no propone la cirugía de mano como primera opción cuando hay otras alternativas, y solo la recomienda si hay una razón médica clara para ello.
- La fuerza de la mano se recupera con el uso normal una vez recuperada la movilidad, y las cicatrices de la cirugía de mano suelen notarse muy poco cuando la incisión respeta los pliegues y la sutura es intradérmica.
Transcripción de la conversación entre Javier Vicente y el Dr. Carlos Thams.
Seguro que has escuchado a alguien decir: «Si me opero de la mano, me quedo peor». Hoy vemos qué tiene de verdad este y otros mitos sobre la cirugía de manos, con argumentos, datos y experiencia real.
¿Por qué hay tanto miedo a operarse la mano?
Hoy la cosa va de mitos. No sé a ti, pero parece que la gente no se lo piensa tanto para operarse una prótesis dental o, no sé, hacerse un aumento de pechos, pero cuando se trata de las manos el miedo es mayor. ¿Por qué crees que pasa esto?
Pues básicamente es pura lógica y supervivencia, ¿no? Cuando te miras las manos y de pronto dices: «Buah, ¿y si me quedo peor? Me quedo inútil de la mano». La gente, pensar que se puede quedar manca, eso se le hace muy cuesta arriba a más de uno. Entonces es completamente normal, totalmente normal, que tengamos dudas en estas circunstancias, ¿no?
Entonces, si lo comparamos, como dices, con otras cirugías: «Oye, me voy a operar de, incluso, una prótesis de rodilla; me puedo quedar cojo. Bueno, pero de todos modos aún tengo dos manos». Pero si pierdo una mano, comer, atarme los zapatos, subirme el pantalón, jugar con el móvil, se limita mucho. El miedo que puede haber a ese hándicap que te pueda quedar por una secuela de estas es bastante grande.
Digamos que es proporcional a la utilidad que le des a aquello que te vas a operar, ¿no?
Efectivamente.
«Si me opero, me quedo peor»
Pues, si te parece, tengo aquí un listado de los mitos más comunes y los vamos a ir recorriendo. Te voy a ir comentando del más al menos común, y vamos al más común. Esta es la frase estrella. ¿De dónde viene esta creencia y cuánta verdad hay en ella?
Pues mira, de dónde viene, esas cosas no se saben exactamente, pero los que nos dedicamos a esto, pues, tenemos varias teorías. La cirugía de la mano como especialidad es relativamente joven. Y en España, aunque hemos gozado de algunas figuras muy, muy importantes en el mundo de la cirugía de la mano, y cada vez hay más, obviamente, realmente es algo que no viene de mucha historia, ¿no?
Entonces, antiguamente la cirugía de mano se hacía poco, y quienes la hacían, pues era el traumatólogo que hoy tiene que operar de una fractura en el fémur, que mañana tiene que operar un juanete, que tiene que ver las cervicalgias; pues un poco el traumatólogo general, ¿no? Que ya eso ya era una especialidad médica. Bueno, sigue siendo, obviamente. Pero claro, tienes que abarcar mucho. Entonces, quien mucho abarca, poco aprieta: no está tan especializado en la mano.
La cirugía de la mano es una cirugía que requiere unas habilidades quirúrgicas, unos conocimientos anatómicos y unos conocimientos de técnicas, pues, muy especializados, que no te enseñan en la formación normal o básica de la traumatología.
Entonces, claro, casi todos los españoles tienen vecinos, familiares o un conocido que pasó por una cirugía y que, oye, pues el resultado no fue deseado, o bien porque la lesión ya de por sí era mala, o fue operado de una forma mejorable, por no decir que fue mal operado, o que la rehabilitación fue insuficiente. Esto lo vimos en otro episodio en el que hablamos de la rehabilitación, ¿no? Hay muchos factores que influyen en el resultado final.
Entonces, si no conseguimos aunar todos los factores para que el resultado sea óptimo, pues hay casos que no quedan bien. Entonces, casi todos conocemos a alguien que, por algún motivo, de una cirugía no ha quedado bien. Pues esa persona se lo dice a fulanita, fulanita se lo dice a menganita y menganita, pam. Entonces creamos una bola de nieve, ¿no?
Esto, por ejemplo: imagínate que ahora sale una marca de coches muy conocida, no voy a decir marcas, pero una marca de coches, y de pronto hay dos o tres coches que se les cae la rueda de atrás. Pum: están conduciendo, están tranquilos y se les cae la rueda de atrás. Y esto sale en la prensa y, hoy en día, con las redes sociales, bu, de un granito de arena se hace una montaña. Enseguida todos dicen: «No te compres ese coche, porque se les cae a todos la rueda de atrás, todos quedan mal, todos…». Entonces es algo parecido a esto, ¿no?
«Mejor vivir con dolor que arriesgarme a una cirugía»
Vamos con otra, si te parece. Mucha gente piensa que es mejor aguantar el dolor antes que operarse. ¿Cuándo tiene sentido esto tan estoico y cuándo es un error?
Pues mira, Javi, aquí pasa un poco lo mismo que antes, ¿no? A veces hay varios factores, ¿no? Uno es la ignorancia: «Oye, no sé realmente de qué va esto, no sé realmente cómo me pueden ayudar y no tengo los datos verdaderos sobre el posible resultado de lo que necesito».
Pero otras veces también es un poco de arrogancia o soberbia. Dice: «Ah, este dolorcito no es para tanto, puedo ir con él. ¿Para qué ir a operarme?». Y de esto, por ejemplo, pecamos muchos médicos también, que conocemos el percal y: «Uf, yo de esta lesión no sé si operar». Eso lo decimos algunos médicos en algunas circunstancias también. O sea, que esto es algo humano, nos pasa a todos.
Ahora, ¿en qué momento vale la pena valorar pasar ahí? ¿Cuándo es mejor decir: «Oye, pues igual estoy equivocado»? Pues asesórate, pregunta, vete a consulta con un médico, consulta con un especialista que te pueda explicar: «Oye, pues tiene razón: hay lesiones que es mejor dejarlas pasar por alto y quedarse como está, porque las posibles soluciones son más limitantes todavía».
Bueno, hay gente que prefiere, por ejemplo, con una artrosis en la muñeca porque tuvo una fractura en escafoides que no curó bien, ¿no? Es algo bastante frecuente también, desgraciadamente, y lo vemos todavía con frecuencia. Pues hay pacientes que prefieren quedarse con ese dolorcito que saben que les da de vez en cuando, cuando hacen según qué gestos, que tener que someterse a una cirugía en la que no hay ninguna garantía al cien por cien de éxito.
O sea, hay gente que, si no tiene un cien por cien de garantía, no se opera, y bueno, no podemos dar un cien por cien en cirugía. Esto no es ir a una peluquería y cambiarte el color del pelo. Esto es una cirugía, que conlleva una serie de complicaciones posibles, etcétera, etcétera. Pero bueno, eso es algo que puede existir, Javi, es normal.
«Las cirugías de mano tardan años en recuperarse»
Vamos con otro clásico. La gente cree que una operación de mano significa estar meses o incluso años sin poder usarla. ¿Qué hay de cierto en esto?
Pues la verdad es que me sorprende todavía la cantidad de gente que viene a consulta y me pregunta: «Bueno, ¿y si me opero de esto cuántos meses tengo que estar de baja?». Y, por ejemplo, túnel carpiano, le digo: «¿Meses? No. Semanas, como mucho», y tal. «¿Ah, sí?».
Y claro, porque vienen con estos mitos que dices tú, que a veces no tienen ningún fundamento científico de ningún tipo, que son más habladurías de barrio, pero ahí vienen con esas ideas metidas en la cabeza y se sorprenden. Y además, a veces, lo que decía: cirujanos que operaron hace cuarenta años a su madre o al abuelo, y ocurrió precisamente eso, que se fue a operar de un tendón roto y estuvo un año con la mano para arriba, para abajo. Pues podía pasar, porque hace cuarenta años la cirugía no es la misma que hacemos hoy.
Entonces, bueno, por eso siempre, ante estas dudas, es mejor consultar con un especialista y que te explique la situación real de cómo lo hacemos hoy en día.
«La rehabilitación es innecesaria, con reposo basta»
Aquí va otra. ¿Qué pasa si alguien se opera pero no hace la rehabilitación?
La cirugía es solo el cincuenta por ciento del tratamiento. Siempre lo digo. Cuando veo al paciente en la primera consulta después de la cirugía, le digo: «Bueno, lo bueno empieza ahora; ahora le toca a usted». Entonces, la rehabilitación empieza por el propio paciente. O sea, es fundamental que el paciente conozca su lesión y sepa cómo manejarla en función del momento después de la cirugía.
En las primeras semanas, a lo mejor la primera semana o los primeros diez días, no tiene que hacer mucho, básicamente estar tranquilito, según qué lesión, y luego empezar a hacer la rehabilitación, recuperar la movilidad. Entonces, los pacientes que no hacen esas cosas porque piensan que no es necesario, que ya se irá curando solo: «Porque es que yo cicatrizo muy bien».
Ya, pero es que usted tiene que darse un masaje sobre esa cicatriz, porque está en una zona anatómica en la que la cicatriz puede provocar una pérdida de movilidad; tiene que masajear la cicatriz para evitar eso. O tiene que masajear la cicatriz porque debajo hemos reparado un nervio y hay que estimular el nervio para que se pueda recuperar mejor. O tiene usted que abrir y cerrar el puño, porque si no va a tener rigideces en los dedos. Pues hay gente un poco cabezota, ¿no?
Por ejemplo, imagínate que te vas a operar de una lesión de un cruzado y eres deportista de alto nivel; tienes una lesión del ligamento cruzado anterior en la rodilla. Hoy en día, ¿alguien concibe la idea de operarse esto y recuperarse sin ningún tipo de fisioterapia? A nadie se le pasa eso por la cabeza. Con la mano es lo mismo.
«Las operaciones de mano solo las hacen por negocio»
Aquí va una muy polémica. Esto está ahí, es una opinión vox populi: algunos pacientes creen que los médicos operan por operar, aunque no sea necesario. Vamos a aclarar este mito. ¿Cómo se decide realmente cuándo operar?
Mira, esto es un mito que está bastante más extendido de lo que te puedes imaginar, Javier, incluso entre otros compañeros médicos, que piensan que los cirujanos solo sabemos arreglar las cosas con cirugías. No siempre es así. Y mis pacientes saben que, cuando vienen con algunos problemas, no les propongo la cirugía como primera opción: les doy otras alternativas y, si fracasan, podemos tratarlo de forma quirúrgica.
Entonces, la cirugía solo se recomienda si hay una razón médica clara para ello. Obviamente, los pacientes que vienen a verme a mi consulta como especialista en cirugía de la mano vienen con lesiones de mano. Si hay una cirugía que pueda mejorar su situación, se va a proponer. Si la situación clínica puede mejorar sin necesidad de una cirugía, yo se lo voy a decir al paciente, porque para mí lo más importante es que el paciente tenga lo mejor para él.
O sea, es de Perogrullo. ¿Por qué voy a hacer una cirugía, con los riesgos que eso conlleva, cuando no es necesario? Pues no la voy a hacer.
«Si me operan, perderé sensibilidad o fuerza»
Vamos con otra. ¿Hay casos en los que una cirugía puede reducir la fuerza o la sensibilidad de la mano? ¿Y cómo se minimizan, si esos casos existen, estos riesgos?
Esto es un miedo también que se ve un poco, pues, por esas historias de «fulanito quedó mal porque le hicieron no sé qué». Bueno, puede pasar, puede pasar. Depende de muchos factores.
Mira, cuando yo empecé a trabajar en un hospital público, hace ya varios años, tuve una situación que fue muy, muy polémica, porque tenía que operar un tumor en un nervio, en un dedo, con una tijera del tamaño de una tijera de podar, casi. O sea, era la tijera más grande que todo el antebrazo del paciente. «Esto es lo que hay». Esto no, esto no es aceptable de ninguna forma, porque, si no me das las herramientas adecuadas a la cirugía que tengo que realizar, hay mayores probabilidades de cometer un error o que algo salga mal.
Esto, gracias a Dios, pasó a la historia, por lo menos en lo que a mí respecta, y yo tengo mi propio instrumental, que se adecúa a cada cirugía, ¿no? Eso es una causa que puede hacer que un instrumental inadecuado, o una técnica inadecuada, o poca experiencia por parte del cirujano, haga que no conozca bien la anatomía y puedes lesionar un nervio sensitivo. Eso ocurre.
A veces hay algunos nervios que cortamos adrede. Hay algunas cirugías en las que hay un nervio que se sacrifica adrede porque no hace falta y para reducir un poco la sensación de dolor en una zona concreta, pero vamos, hay muy pocas indicaciones que tiene esto.
Y lo de reducir la fuerza, perder fuerza en la mano: obviamente, las propias lesiones ya son causa de un uso inadecuado, una mano inoperante, una mano que no funciona bien, y ya por no usarla bien ya vamos perdiendo fuerza. Pues, si se atrofia la musculatura, pues obviamente vamos a perder fuerza.
Esto obsesiona mucho a los pacientes: la fuerza, la fuerza. La fuerza se recupera con el uso normal de la mano. Entonces, siempre tranquilizo a los pacientes, que no se alarmen por esto. Una vez que se recuperen de su lesión, recuperen la movilidad, vamos a poder trabajar la fuerza poco a poco, y es algo que tiene que venir poco a poco.
«Las cicatrices de la cirugía de mano son horribles»
Otra muy común. Mucha gente teme que una operación deje una cicatriz grande o fea. ¿Cómo son realmente las cicatrices en la cirugía de mano moderna?
Bueno, mira, esto es algo también muy común, me lo han dicho muchas veces, y bueno, algunas veces he visto gente que venía con unas cicatrices realmente feas, y hay que darles toda la razón del mundo. Por eso la cirugía de la mano es una mezcla de varias especialidades: no solo es, como piensan los traumatólogos puros, de hueso y tendones; también tiene mucho de cirugía plástica. Entonces, hay que pensar también en la piel, en la cobertura, ¿no?
Entonces, la biomecánica de la mano permite una movilidad impresionante. Y, para eso, al cerrar la mano tenemos una serie de pliegues, ¿no? Unos pliegues que se forman en la palma de la mano, en los dedos. Si hacemos una incisión longitudinal que cruce el pliegue, así, por ejemplo, va a hacer una cicatriz. Esa cicatriz, por definición… Los fibroblastos, que son las células que fabrican ese tejido cicatricial, tienden a hacer siempre un tejido retráctil.
Entonces, si hacemos una incisión longitudinal en el sitio equivocado, de la forma equivocada, va a ser una cicatriz retráctil que sobresale, que incluso puede limitar la movilidad. Entonces, no es que sean horribles o no, eso es una cuestión estética, sino es que además alteran la función de la mano.
Entonces, por ejemplo, un paciente que viene con una herida por un cuchillo, algo parecido: nosotros tenemos que deformar o reformar esa propia herida de forma que el pliegue no esté afectado y no haga esas cicatrices tan limitantes, ¿no?
Normalmente, por ejemplo, la piel del dorso de la mano, de la muñeca, es una piel que cicatriza fenomenal, cicatriza muy bien. Eso lo sabe cualquier persona, porque estamos continuamente haciéndonos golpitos o arañazos o lo que sea. Es una piel que cicatriza bien.
Entonces, la técnica con la que vamos a suturar las heridas también influye, ¿no? Yo suelo hacer una sutura que, si puedo, va a ser intradérmica; dependiendo del tipo de piel y el tipo de paciente usaremos un hilo u otro, pero son normalmente cicatrices que se notan muy, muy poquito.
También depende, obviamente, del tipo de piel del paciente, lógicamente, pero hay algunas personas que tienen una tendencia a hacer cicatrices queloides en todo su cuerpo y, bueno, ahí da igual lo que intentemos hacer, que las va a hacer. Pero son casos, gracias a Dios, poco frecuentes, ¿no?
«Si te operas la mano, te cambia la letra»
Te voy a contar un mito que escuché, que me hizo mucha gracia, y no sé si tú lo habrás escuchado, pero decía una persona: «Si te operas de la mano, te cambia la letra». ¿Qué te parece esto?
Ha ocurrido, hombre. Si te operas la mano porque te has roto varios tendones, luego te va a costar más recuperar la habilidad que tienes a la hora de coger un lápiz y escribir. Puede ser, puede ser. Como mito, ese personalmente no lo había oído, pero otras cosas más locas, también.
Un paciente me dijo que, si se operaba la mano derecha, se iba a convertir en zurdo, y yo le hice una apuesta y digo: «Vamos a probar». Se operó y no: siguió siendo diestro. Pero bueno, cosas así que se oyen por ahí.
Bueno, yo soy zurdo y me consta que no me has operado.
Entonces ahí está. Era por eso. Solo por eso.
¿Tienes algún paciente que ha llegado con estos miedos, u otros como este que me acabas de comentar, y luego haya cambiado completamente de opinión?
Pues mira, un caso muy reciente, porque la operé ahora en Navidad, es una mujer que se llama Puri, muy, muy simpática, y bueno, además es enfermera, o sea, que conoce mucho el mundo sanitario de primera mano.
Y esta mujer tardó bastante en consultar conmigo por un síndrome de túnel carpiano, porque cuando sospechó la lesión se lo comentó a sus amigas y tal, y sobre todo la gente en el centro de salud donde trabaja: «No te operes, que quedan todos mal», ¿no? Vamos, a repasar todos estos mitos, ¿no?: «Además, la cicatriz duele un montón y queda feísima, y además esto y lo otro».
Y al final, de todos modos, su marido la animó: «Venga, vete, vamos allá». Vino a la consulta, pasaron la consulta, quedó convencida, se operó, se recuperó, además, muy, muy rápidamente. En las dos semanas ya se fue de viaje, y ya está trabajando y está muy contenta.
Y la última vez que nos vimos me comentó toda esta historia de todos los mitos que hemos ido repasando en este podcast, de todo esto que ha ido oyendo y que sigue oyendo: «¿Cómo es posible que te hayas recuperado tan bien y tan rápido, si esto siempre te sale mal?». Y la paciente, alucinada, ¿no?, contando: «Oye, pues sigo oyendo todas estas cosas y han pasado ya dos meses que me operé».
¿Qué le dirías a quien nos está escuchando y aún tiene miedo de operarse?
Pues que nada mejor que el propio cirujano para intentar disipar estas dudas y los miedos, explicando las cosas como son, con un lenguaje sencillo que todo el mundo puede entender, y tampoco dando falsas esperanzas cuando no las hay, ¿no? Pero básicamente explicar las cosas que son como son.
No hay que fiarse siempre de lo que dijo la vecina o el conocido del trabajo; que se lo explique el especialista que vaya a tratar al paciente y, bueno, ya el paciente es mayor de edad y puede elegir lo que quiera.


